Maldito error 136…

(Hago aquí una aclaración. Este artículo no pretende ser un tutorial. No me voy a detener a explicar en detalle de qué demonios estoy hablando. Si quieres saberlo, busca en Google, igual que lo hice yo en su momento.)

Dos días completos.

Entiendo por qué la solución universal para recuperar computadores sea simplemente “formatear”. Porque ocupar dos días completos en dejar nuevamente operativo un equipo no es algo que quieras hacer, si puedes evitarlo.

Pero, en mi caso, quería “aprender”.

En estas cosas informáticas nunca dejas de aprender nuevos trucos. Y de encontrarte con nuevas fallas. Sin embargo, cuando ya llevas mucho tiempo en esto, ya se hace medio dificil provocar por accidente alguna falla catastrófica que te haga devanarte los sesos buscando una solución. Por eso es que, al menos a mi, me entusiasma la idea de traer de vuelta a la vida un aparato ya declarado muerto.

Aunque, más bien, en estado zombificado.

Antes de que se hagan ilusiones, no es llegar y hacerla de nigromante. Si la falla es de hardware, no hay mucho que se pueda hacer (o al menos que yo pueda hacer). Pero si la falla es de software… ah, algo se puede intentar.

Suficiente de introducciones. El sujeto en cuestión era una notebook Samsung NP270E4E, nacida el 2013, de propiedad de una prima, con más de 300 gigas de información y que no arrancaba. Y, lo adivinaron, sin respaldo de esos datos.

Para ser exactos, si, arrancaba. Si se puede llamar eso a quedar pegado en un proceso continuo de “Diagnosticando su PC” y terminar en una pantalla negra que decía que “no se puede cargar ACPI.SYS.

¿Problema de drivers? No tenía muchos datos para hacer un diagnóstico de lo que había ocurrido justo antes de la falla (larga historia). Así que, manos a la obra.

Respaldando los datos

Tengo un disco USB con Windows To Go (espero explicar esto detalladamente en otro artículo), un lote de programas de diagnóstico y mucho espacio libre. La única dificultad es acertarle a la forma de arrancar desde el disco USB, que en este caso implicaba un par de cambios en el BIOS.

Una vez dentro del sistema, pude verificar que:

  • El disco duro era accesible.
  • Las carpetas eran visibles.
  • Viendo las propiedades del archivo “\Windows\EXPLORER.EXE” pude saber que el sistema instalado era Windows 10, versión Home (Single Language), compilación 14393, arquitectura 64 bits (dato importante para hacer correctamente una reinstalación “legal”).
  • Usando el programa AOMEI Backupper Free pude copiar los 320 gigas del disco completo al disco portatil en 3 horas y media. Esto me sirvió para comprobar que, al menos físicamente, el disco estaba bien. Una vez hecho esto, podía machacar con toda confianza el disco duro original.

Decisiones, decisiones

Llegado a este punto… ¿qué era lo mejor hacer? Tenía las siguientes opciones:

  • Usar la partición de recuperación del notebook para reinstalar todo desde cero.
    • Ventajas: sistema inicial tal como lo pretendió el fabricante, con todos los drivers en su lugar.
    • Desventajas: el sistema original era Windows 8 y estaría obligado a instalar encima Windows 10 y luego reinstalar TODAS las aplicaciones que la dueña había instalado y perdiendo todas las configuraciones personalizadas en el intertanto, porque aunque tenía respaldado el perfil de usuario en el disco portátil, reconstruirlo a partir de allí es una tortura.
  • Intentar recuperar la instalación de Windows 10 en el equipo.
    • Ventajas: sistema tal como quedó antes de la falla, con todos los programas instalados y con el perfil intacto y todas las configuraciones en su sitio.
    • Desventajas: en general, todas las desventajas de un sistema que falló: si no sabes que originó la falla, es posible que vuelva a ocurrir…
  • Reinstalar Windows 10 eliminando el sistema existente.
    • Ventajas: sistema limpio y 100% operativo.
    • Desventajas: lidiar con los drivers, volver a instalar todo, perder las personalizaciones, tener que copiar todos los archivos necesarios desde el respaldo.
  • Reinstalar Windows 10 encima del sistema existente:
    • Ventajas: en teoria, no hay que lidiar con drivers, se conservan las opciones del usuario.
    • Desventajas: sólo se puede hacer desde DENTRO del sistema, por lo que debes poder arrancar el sistema existente. Esta opción me pareció, en ese momento, la más sensata. Si hubiera sabido lo complicado que iba a ser, habría optado directamente por la primera opción.

Reconstruyendo un sistema

Voy a resumir. Resultó un desastre. Primero arranqué desde el disco de instalación exacto del sistema instalado. O sea Windows 10 de 64 Bits, edición 14393 (menos mal que este DVD ahora si contiene las tres versiones Pro, Home y Single Language). Partiendo de los intentos de reparación más sencillo hasta terminar con los más exóticos.

  • Primero, el viejo “chkdsk /F” que detectó un montón de archivos dañados. Eureka! Por eso el sistema no arrancaba. Sin embargo no fue suficiente, porque al rearrancar ahora el mensaje indicaba que faltaban otros archivos.
  • Segundo, el exótico comando sfc /scannow /offbootdir=c:\ /offwindir=c:\windows” resultó ser una excelente solución para restaurar el sistema a un estado “arrancable” ya que esto revisa todos los archivos del sistema y los devuelve a su condición “de fábrica”. Finalmente el sistema si podía entrar en Windows!!!

La decepción

Era demasiado bueno para ser cierto. Ya expliqué que el comando sfc (“system file checker” o “verificador de archivos de sistema”) permite restaurar los archivos del sistema a una condición “arrancable”. Si, pero sólo los archivos de sistema. Los archivos de programa instalados por las aplicaciones no necesariamente. Office ya no corría y lanzaba un mensaje de un “ensamblado incorrecto”, que según averigue tiene que ver con la carpeta Winsxs y la paralelización de librerías (no, no quieres saber más de ese tema. De veras). Otros programas alegaban el error 1935…

Ah, pero ya estaba dentro de Windows y podía hacer una reinstalación desde adentro. O algo mejor: respaldar el perfil de usuario, omitiendo eso sí las carpetas majestuosamente gigantes (algunas tenían 120 gigabytes de archivos), y luego copiarlo a su lugar. El programa Transwiz permite justamente hacer eso. Así podía instalar Windows 10 encima (lo que llaman “actualizar Windows”), conservar las aplicaciones y restaurar el perfil con sus opciones. Cuento corto, tampoco sirvió. Office seguía sin querer iniciar y el error 1935 seguía produciéndose. Y peor aún, en el visor de sucesos descubrí dos errores que se repetían continuamente: el 136 y 137 en el sistema NTFS. Este Windows parecía completamente condenado.

Entonces tomé la medída drástica que hacía en los tiempos de Windows 95. En resumen es arrancar desde una unidad externa, mover TODO hacia un directorio _OLD y hacer una instalación completamente limpia. Pude mover los archivos, excepto de 3 malditos archivos dentro de System Volume Information que no pude borrar a pesar de todos los cambios de permiso y propietario (que el sistema nunca me permitió concretar). Que diablos, igual instalaré el Windows encima… ¿qué podría pasar? Pues que el error 136 y 137 seguía produciéndose en el Windows 10 instalado “limpiamente”.

Medidas drásticas

Al menos tenía el respaldo del perfil, así que no me quedaba más remedio que volver al origen. Restaurar el sistema a partir de la partición de recuperación, etc, etc.

Y rogar que el error 136 y 137 se solucionaran al rehacer la partición.

Cuento corto: funcionó. Tuve la desagradable experiencia de volver a experimentar a Windows 8 en todo su maldito esplendor (a la mierda la interfase MALA). Instalé Windows 10 encima. Me hice un perfil temporal, reconstruí el perfil a partir del respaldo. Copié los archivos desde el disco portátil (aproximadamente 5 horas de copiado). Reinstalé Office y varios otros programas (chrome, firefox, varias apps de la tienda) sin problemas, otros simplemente NO los instalé… y ahora el equipo funciona como hace tiempo no lo hacía. Sin errores.

Conclusiones

Toda esta experiencia me hizo sacar varias conclusiones:

  • Es tiempo perdido intentar solucionar problemas de aplicaciones demasiado exóticos. Es mejor partir de cero.
  • El respaldo es fundamental. La integridad de los datos es sagrada.
  • Aprovecha las opciones que te dio el fabricante. Por algo están ahí.
  • Windows 8 será por siempre el sistema operativo con la interface más mala que haya lanzado MS.
  • Tus archivos deberían estar en una partición distinta a la del sistema. Lástima que Windows no facilita mucho eso.

Uf, ahora si puedo volver a mi programación habitual.