Cómo un apagón nocturno afecta a los peatones ciegas

Hace tiempo pensé que los apagones eran particularmente peligrosos simplemente porque la oscuridad afectaba a las personas ciegas. Sin embargo, al analizarlo más a fondo, me di cuenta de que el problema es mucho más complejo y sistémico.

Vista de una intersección urbana oscura donde peatones ciegos usan bastones blancos para orientarse mientras el tráfico se detiene por la falta de señalización.
La interacción entre los sistemas de tráfico y los peatones cuando fallan las señales.

Un apagón nocturno no solo elimina la luz; puede eliminar simultáneamente varias de las referencias no visuales y visuales que una persona ciega utiliza para orientarse. Por ejemplo, los semáforos se apagan, eliminando una referencia crucial para saber cuándo corresponde cruzar. Las investigaciones muestran que incluso en condiciones normales, localizar el cruce y determinar cuándo comenzar a cruzar son tareas nada triviales.

Además, si existen semáforos acústicos, estos pueden dejar de funcionar junto con la instalación eléctrica. Estos sistemas están diseñados para proporcionar información que no puede obtenerse visualmente, pero su fallo añade una capa extra de incertidumbre al paisaje sonoro del entorno.

Esto también altera el comportamiento de los vehículos; cuando un semáforo queda fuera de servicio, los conductores tienen que tratar la intersección como un cruce sin señalización. Esto introduce bastante más incertidumbre en las vías.

Llegué a pensar que el problema mayor era que la persona ciega no tendría forma de saber si, a oscuras, tampoco podía ser vista por los demás conductores. Sin embargo, al reflexionar sobre esto, es claro que esa preocupación tiene bastante sentido, pero es distinta.

Una persona ciega puede perfectamente saber que algo ha ocurrido —por ejemplo, porque los semáforos acústicos dejaron de funcionar—, pero no necesariamente tiene forma de saber si ahora los conductores tampoco pueden verla bien. Una persona vidente asocia inmediatamente el apagón con la falta de visión para todos, mientras que una persona ciega no recibe esa información visual.

Si está acostumbrada a cruzar utilizando sus señales habituales, podría asumir que los conductores la han visto, especialmente si normalmente cruza en un lugar donde los peatones tienen prioridad. Esta asimetría es clave: el peatón ciego puede seguir siendo detectable mediante su bastón blanco o perro guía, pero no puede evaluar visualmente si un automóvil lo ha detectado.

Por otro lado, tampoco significa que una persona ciega se lanzaría a cruzar sin saber qué está pasando. Muchas personas desarrollan estrategias sofisticadas para determinar el estado del tráfico mediante el sonido, y en una intersección conocida probablemente puedan adaptarse.

Aunque la situación es peligrosa, no significa necesariamente que sea imposible de gestionar con las herramientas adecuadas.