¿Por qué los pilotos que bombardearon La Moneda siguen siendo anónimos?

Es curioso cómo los nombres de los pilotos que bombardearon la moneda en 1973 permanezcan tan desconocidos, elevados a la categoría de héroes. Hay una ironía histórica bastante fuerte ahí: los hombres que realizaron uno de los actos militares más simbólicamente poderosos del golpe quedaron durante décadas casi como personajes sin nombre.

Avión Hawker Hunter chileno volando sobre Santiago con el Palacio La Moneda al fondo
Un Hawker Hunter de la Fuerza Aérea Chilena sobrevolando Santiago durante el bombardeo de La Moneda en 1973.

Los nombres que aparecen en las investigaciones son principalmente Mario López Tobar, comandante del Grupo de Aviación N.º 7 y líder de la operación; Ernesto Amador González Yarra, a quien diversas investigaciones atribuyen el primer impacto directo contra La Moneda; Fernando Rojas Vender, que posteriormente llegó a ser comandante en jefe de la FACh; Eitel von Mühlenbrock; y Gustavo Leigh Yates.

Pero hay una salvedad importante: la identificación exacta de todos los pilotos no ha sido históricamente tan limpia. La propia FACh mantuvo durante décadas una política de reserva y existió un auténtico pacto de silencio. De hecho, el general Fernando Matthei declaró al juez Mario Carroza que desconocía quiénes habían pilotado los aviones.

¿Son héroes? Depende completamente de qué entendamos por héroe. Desde una perspectiva estrictamente militar, hay algo objetivamente extraordinario en la operación: pilotos de combate ejecutaron una misión delicada sobre una zona urbana densamente poblada utilizando Hawker Hunter para atacar un edificio específico.

Convertir a sus protagonistas en héroes nacionales es otra cosa completamente distinta. El acto fue parte del derrocamiento violento del gobierno constitucional de Salvador Allende. La Moneda terminó incendiada y destruida por el ataque, por lo que elevar a los pilotos a una categoría pública implicaría necesariamente una interpretación política y moral del golpe.

Además, López Tobar explicó que no revelaba los nombres de sus subordinados porque consideraba que había actuado la Fuerza Aérea de Chile como institución. La identidad colectiva funcionó, en cierto modo, como una protección. Así que la historia es peculiar: tenemos imágenes icónicas de los Hawker Hunter atacando La Moneda, y conocemos varios nombres hoy… pero la cultura histórica chilena convirtió al avión y al bombardeo en símbolos mucho más importantes que a los hombres.

Paradójicamente, eso impidió que se transformaran en héroes al estilo clásico. La imagen del Hunter entrando sobre Santiago es potentísima; ponerle nombre y apellido al piloto obliga inmediatamente a preguntar: ¿y exactamente qué estaba haciendo y para quién? Ahí la épica militar deja de ser tan sencilla.