Jerarcas nazis no juzgados: la subasta del conocimiento

La historia de los juicios posteriores a la Segunda Guerra Mundial es mucho más compleja y menos uniforme de lo que suele recordarse. No fue juzgado, fue absuelto, o simplemente se le permitió irse porque era demasiado útil para el nuevo orden mundial. Si metemos todas estas historias en un solo saco, parece que Nuremberg fue incompleto o ineficaz, pero la realidad es una mezcla de evidencia disponible, jerarquía criminal y prioridades políticas.

Un mapa conceptual que ilustra cómo Estados Unidos, la URSS y países como Argentina se repartieron a los exiliados nazis tras la Segunda Guerra Mundial.
La competencia mundial por el conocimiento alemán después de 1945.

Los Jerarcas que se escaparon de la justicia

El caso más famoso es Josef Mengele, médico de Auschwitz. Huyó a Argentina en 1949 y murió en Brasil en 1979 sin haber sido llevado ante un tribunal. Adolf Eichmann también escapó inicialmente a Argentina, pero fue localizado por Israel, secuestrado y ejecutado en 1962. Entre los jerarcas que directamente no llegaron a juicio está Heinrich Müller, jefe de la Gestapo; se considera muy probable que muriera en Berlín durante el caos de 1945. Y luego están los que simplemente tuvieron suerte con el desorden del fin de la guerra: multitud de funcionarios y colaboradores jamás fueron llevados ante un tribunal. Esta desigualdad surge porque, mientras en 1945 se preguntaba qué habían hecho para los nazis, hacia 1947–48 la pregunta cambió a qué sabían hacer que nosotros necesitábamos.

La Operación Paperclip: científicos demasiado útiles

El ejemplo paradigmático es Wernher von Braun. Fue miembro de las SS y figura central del programa V-2, pero Estados Unidos lo incorporó al programa que acabaría convirtiéndose en NASA. Terminó siendo una de las figuras fundamentales del desarrollo del Saturn V. Arthur Rudolph trabajó en el mismo programa V-2 y llegó a ser importante en Estados Unidos. Durante décadas vivió como un ingeniero respetable, hasta que en los años 80 una investigación descubrió pruebas sobre su papel en la persecución de trabajadores esclavos. En 1984 abandonó el país sin necesidad de llegar a ningún juicio.
Dos ingenieros nazis clave, von Braun y Rudolph, representados junto a tecnología de cohetes y documentos técnicos.
Von Braun y Rudolph integrados en el programa espacial estadounidense tras la Operación Paperclip.

El caso de los médicos

Aquí la cosa se pone realmente incómoda. El Juicio de los Médicos procesó a 23 personas, pero otros médicos implicados en la maquinaria nazi nunca fueron procesados. Hubertus Strughold es un caso particularmente turbio: dirigió investigación médica bajo el Reich y posteriormente fue llevado a Estados Unidos mediante Paperclip para tener una carrera fundacional en la medicina espacial. Otro caso fascinante es Walter Schreiber, capturado por los soviéticos y luego contratado por los estadounidenses; cuando aparecieron acusaciones sobre su pasado, se trasladó a Argentina.
Una imagen dividida que muestra el destino divergente de los médicos nazis: algunos integrados en la ciencia moderna, otros sometidos a procesos judiciales.
El contraste entre los médicos que escaparon y aquellos que enfrentaron juicios en Nuremberg.
Sin embargo, tampoco es correcto decir que los estadounidenses dejaron escapar a todos. Hermann Becker-Freyseng fue condenado a 20 años en el Juicio de los Médicos, y otros como Siegfried Ruff o Konrad Schäfer fueron juzgados y absueltos. La historia deja de ser simplemente «los nazis escaparon» para convertirse en una auténtica subasta mundial del conocimiento científico alemán.