La testosterona y la lectura: desmintiendo un mito de pseudociencia

Un tuit reciente ha circulado sugiriendo que los hombres con niveles saludables de testosterona tienen muchas dificultades para concentrarse en la lectura. Según esta afirmación, la actividad sería incompatible con los estímulos físicos que se disparan con la hormona. Por otro lado, se menciona que las mujeres y los hombres afeminados tendrían tanta facilidad para leer libros o apuntes académicos.

Ilustración del mito de que la testosterona impide la lectura
El mito de que la testosterona dificulta la lectura

Este tipo de discursos también sugieren que los fandoms literarios estén repletos de mujeres y gays simplemente porque tienen menos testosterona, mientras que los hombres con éxito universitario tendrían un perfil bajo y sumiso debido a sus bajos niveles hormonales.

La realidad científica: pseudociencia pura

Es fundamental aclarar que esto es una mezcla de pseudociencia y prejuicios de género. No existe respaldo en endocrinología, neurociencia ni psicología cognitiva para sostener estas ideas.

En primer lugar, la testosterona no inhibe funciones cognitivas básicas como la concentración, el lenguaje o la memoria de trabajo. Los niveles fisiológicos en hombres sanos no generan un estado de excitación incompatible con leer. La hormona sí afecta áreas como la competencia social o la búsqueda de estatus, pero nada que impida la lectura.

Además, el gusto por la lectura depende de factores como la exposición cultural, los hábitos familiares y la educación recibida. No existe ningún vínculo causal entre identidad de género u orientación sexual y el disfrute lector.

El rendimiento académico no es hormonal

Factores reales del éxito académico sin testosterona
El éxito académico no depende de la testosterona

En cuanto al rendimiento universitario, la evidencia muestra que los niveles normales de testosterona no predicen notas ni hábitos de estudio. El éxito académico se asocia a la autorregulación, la persistencia y el interés intrínseco, nada que ver con hormonas.

Las estadísticas de consumo de literatura muestran más lectoras mujeres por razones socioculturales: socialización, géneros literarios dirigidos históricamente y estigmas sobre hobbies masculinos. Meter hormonas y sexualidad es solo un intento burdo de biologizar prejuicios.

En resumen, este discurso sigue una estructura típica para validar roles de género: una afirmación biológica falsa seguida de conclusiones que refuerzan estereotipos. Cuando falta evidencia científica, sobran los prejuicios disfrazados de ciencia.