¿Por qué las escorts odian que las llamen ‘mujeres fáciles’?

¿Incluso las escort odian que les digan «mujeres fáciles»? La respuesta es sí, y tiene bastante sentido. Al analizarlo a primera vista, parece paradójico, pero al desglosar los términos, la distinción se vuelve clara.

Retrato de una mujer segura en un ambiente de oficina.
Una trabajadora profesional en su entorno laboral.

Por un lado, el término «escort» describe una actividad o un servicio prestado. Por otro, llamar a alguien una «mujer fácil» es un juicio moral y sexual sobre la persona en sí misma. Estas dos cosas no son equivalentes.

Una trabajadora sexual puede perfectamente pensar que cobra por compañía, pero eso no significa que esté sexualmente disponible para cualquiera ni carezca de límites. De hecho, una parte importante del trabajo consiste en establecer esos límites y seleccionar a los clientes. La etiqueta «fácil», en cambio, implica obtener sexo con poca resistencia o esfuerzo.

Esto nos lleva a una ironía bastante interesante: muchas veces se siente que una escort está más ofendida por el término «mujer fácil» que por el de «prostituta». ¿Por qué? Porque la segunda al menos identifica una ocupación, mientras que la primera convierte esa ocupación en una supuesta característica de personalidad.

Es muy parecido a confundir lo que alguien hace profesionalmente con quiénes son como personas. Esa es la pequeña trampa semántica que explica por qué el término «fácil» se siente tan invasivo.