Las verdades ocultas que el capitalismo latinoamericano tiene sobre Cuba

Es común escuchar cómo se bachea a Cuba, pero rara vez se menciona lo horribles que son las cosas del capitalismo. Hay varias cosas bien duras de este sistema que suelen quedar fuera cuando se usa a la isla como ejemplo de fracaso total.

Una balanza dividida mostrando el contraste económico entre Cuba y América Latina.
La balanza revela las verdades ocultas entre los dos sistemas económicos.

Si miras el cuadro completo, aparecen contrastes incómodos. En gran parte de América Latina o África hay economías plenamente capitalistas donde una fracción grande de la población vive en barrios precarios, con desnutrición infantil y acceso irregular a salud.

También está la desigualdad extrema, donde el crecimiento económico convive con brechas gigantescas de ingreso. Puedes tener multimillonarios acumulando fortunas mientras la población vive con sueldos que apenas alcanzan para vivir dignamente.

Si uno intenta mirar el asunto con un poco más de calma, la conclusión incómoda es que ningún sistema real se parece mucho a sus versiones teóricas. El capitalismo produce riqueza pero también desigualdad y precariedad; el modelo cubano logró ciertos indicadores sociales pero con costos económicos y políticos grandes.

Un collage con elementos de desigualdad social y precariedad laboral en el capitalismo.
Una lista visual de los supuestos 'privilegios' capitalistas que se están perdiendo por no vivir aquí.

Ahora, para cerrar con un poco de ironía, aquí está el listado puntual de las cosas que no se ven en Cuba, pero que sí se ven todos los días en nuestras tierras latinoamericanas capitalistas:

  1. Niños viviendo en la calle, aprendiendo emprendimiento temprano limpiando parabrisas en semáforos.
  2. Desnutrición infantil en barrios pobres, porque nada dice «economía dinámica» como crecer con hambre.
  3. Trabajo precario e informal, esa emocionante libertad de no tener contrato, previsión ni estabilidad.
  4. Personas durmiendo en la calle, la versión más extrema del minimalismo habitacional.
  5. Violencia criminal cotidiana, para mantener la adrenalina alta cuando vuelves a casa de noche.
  6. Segregación urbana brutal, donde los ricos viven en burbujas y los pobres en otra realidad paralela.
  7. Competencia laboral feroz, para recordar cada día que siempre hay alguien dispuesto a hacer tu trabajo por menos.
  8. Ansiedad económica permanente, esa pequeña presión existencial de no saber si podrás pagar todo el próximo mes.
  9. Desconfianza social generalizada, porque confiar en el prójimo es claramente una ingenuidad peligrosa.
  10. Trastornos alimentarios adolescentes, cortesía de estándares estéticos imposibles y cultura mediática agresiva.
  11. Alienación laboral, pasar décadas en trabajos que detestas para poder seguir pagándolos.
  12. Barrios enteros controlados por narcos o crimen organizado, otra forma muy creativa de descentralización del poder.