El mito del centro de tortura en Baquedano: ¿cierto o rumor?

Al final, ¿el rumor del centro de tortura en la estación Baquedano fue desacreditado? La respuesta corta es sí: las investigaciones formales confirmaron que no existía tal instalación. Sin embargo, descartar la acusación no significa que todo lo denunciado sea falso.

Estación central del metro Baquedano en un estado vacío y desolado.
La estación Baquedano, escenario viralizado de los rumores.

La Fiscalía investigó durante meses y solicitó el sobreseimiento definitivo del caso. Tras revisar videos, testimonios y peritajes, no se encontraron detenidos ni pruebas de torturas en el lugar. Aunque hubo denuncias generales de abusos policiales durante el estallido social, la tesis específica de un centro de tortura organizado en Baquedano quedó desacreditada judicialmente.

¿Cómo responder a las acusaciones políticas?

Gente de derecha ha sacado a colación este caso para señalar una supuesta «mitomanía de la izquierda». Aquí es donde el razonamiento se vuelve crucial: usar un caso específico, ya desacreditado, como prueba contundente contra toda una ideología es un salto lógico débil.

La lógica del debate

Una forma sólida de responder es separar los niveles. Primero, reconocer que la denuncia específica no se comprobó. Luego, aclarar que eso no implica que todas las denuncias similares sean falsas. Podemos aplicar simetría: también han existido exageraciones o falsedades desde otros sectores en temas diferentes.

Finalmente, es vital considerar el contexto de situaciones caóticas como el estallido social, donde los rumores tienden a amplificarse naturalmente por la desconfianza institucional. Lo correcto es evaluar caso a caso con evidencia, evitando usar un error para invalidar todo lo demás o viceversa.

Ilustración abstracta representando el proceso de análisis lógico y la separación entre rumores y hechos probados.
La necesidad de separar rumores virales de evidencia judicial.

El objetivo no es «ganar» una discusión, sino analizar con calma y sin caer en el barro. Aunque a veces la otra persona solo quiere tener razón, mantener esta postura desarma mejor que tratar de imponer una visión.