El Caso Zepeda: ¿Mala Suerte o Culpabilidad?

El caso de Nicolás Zepeda ha generado un debate intenso sobre los límites entre la mala suerte y la culpabilidad. Tras la desaparición de su ex pareja, Narumi Kurosaki, en Besançon en 2016, el acusado viajó a Francia sin avisar, compró combustible extra y fue visto entrando en la residencia donde ella vivía. Aunque nunca se encontró el cuerpo, la fiscalía construyó un caso basado en indicios, comportamiento y registros digitales.

Ilustración del caso judicial con evidencia contra el acusado
Resumen visual del caso Zepeda y las pruebas acumulativas que lo incriminan.

Al principio, es tentador ver este conjunto de coincidencias como una racha absurda de mala suerte. Sin embargo, al analizarlo frío, la probabilidad de que todos esos eventos ocurran juntos por azar se desmorona. Cada explicación alternativa—como los gritos o el borrado de datos—requiere su propia cadena de supuestos para funcionar.

El argumento del abogado del diablo

Al intentar defender la inocencia de Zepeda, surge la teoría de que un tercero intervino después de que él se fuera. Esta hipótesis intenta explicar la desaparición total y los gritos como parte de una discusión intensa o un encuentro fortuito con otra persona.

Ficción vs. Realidad

Es común esperar en las novelas de detectives ese giro elegante donde el culpable evidente resulta ser inocente gracias a una revelación tardía. Pero al comparar casos reales como los de Scott Peterson o Chris Watts, se nota que la vida real es mucho más terca y consistente.

Cuando todo apunta desde distintos ángulos independientes hacia un sospechoso, los giros tipo novela son raros. La justicia no necesita certeza absoluta, sino ver si la historia alternativa es razonable, y en este caso, las coincidencias necesarias para creerle eran demasiado altas.