La Fantasiosa Buenos Aires de Gilda y el Arquetipo de Isidoro

Ambientada en la Buenos Aires de 1946, *Gilda* es una película que captura el glamour y la oscuridad del cine negro hollywoodense. Sin embargo, hay un detalle fascinante sobre su producción: aunque fue completamente rodada en Hollywood, la historia se traslada deliberadamente a Argentina para escapar de las estrictas restricciones de censura estadounidenses de la época.

Glenn Ford frente al casino clandestino mientras Isidoro observa desde una mesa.
La conexión visual entre el hollywoodense Johnny Farrell y su homólogo porteño Isidoro Cañones en 1946.

El protagonista, Johnny Farrell, interpretado por Glenn Ford, llega a Buenos Aires como un jugador y estafador de poca monta. La ciudad en la que se desarrolla la trama no es una reconstrucción realista, sino una versión fantasiosa y exótica vista desde Hollywood. Incluso hay escenas que intentan darle sabor local, como el festejo del final de la guerra con la Marcha de San Lorenzo, todo filtrado por esa imaginación cinematográfica.

La cronología de Isidoro

Inicialmente, podría parecer que comparar a Johnny Farrell con el legendario Isidoro Cañones es un anacronismo. Las fechas no parecen calzar: *Gilda* se estrenó en 1946, mientras que Isidoro Cañones aparece formalmente en las crónicas de 1935.

Pero hay una pequeña trampa aquí que cambia la perspectiva. Si miramos hacia atrás, el arquetipo de Isidoro ya estaba mucho antes en desarrollo. Julián de Montepío, un porteño vividor y jugador, aparece en las crónicas desde 1928. Isidoro Cañones nace como una combinación de personajes anteriores en 1935.

Esto significa que, cuando *Gilda* llega a la pantalla en 1946, el «Isidoro» porteño ya llevaba casi dos décadas existiendo y desarrollándose. Johnny Farrell no es una copia de Isidoro; ambos simplemente están bebiendo del mismo arquetipo internacional del *bon vivant*, mujeriego y tramposo.

Un final imaginativo

La comparación funciona porque ambos comparten el ADN del pícaro porteño: el dinero fácil, las carreras de caballos, la vida nocturna y los trajes impecables. La idea más divertida que surge de este análisis es imaginar a Johnny Farrell entrando al casino de Ballin Mundson, mientras Isidoro, desde una mesa al fondo, levanta lentamente una ceja pensando en qué le falta calle al yanqui.