Ciudades apiladas y mundos de dos premisas

¿Alguna vez te has preguntado si es posible construir una carretera sobre un edificio, o incluso apilar barrios enteros unos encima de otros? La respuesta es sí. Lo que comenzó como una curiosidad ingenieril sobre infraestructuras urbanas ha evolucionado hasta convertirse en un fenómeno cultural fascinante, visible tanto en las ciudades más densas del mundo real como en los entornos verticales de la animación moderna.

Vista aérea dividida que compara infraestructuras urbanas superpuestas con un entorno de anime vertical.
Comparativa entre ciudades reales y ficticias construidas una encima de otra.

La realidad de las ciudades apiladas

Para entender este fenómeno, primero debemos mirar a la ingeniería urbana. La ciudad de Chongqing, China, es probablemente el ejemplo más extremo de cómo la topografía puede forzar una vida en múltiples niveles. Al estar metida en un terreno montañoso extremadamente accidentado, distintas calles pueden estar a decenas de metros de diferencia de altura. Puedes estar en el «primer piso» de un edificio y descubrir que estás nuevamente a nivel de calle tras subir unas plantas.

Este concepto se lleva al extremo con la antigua Kowloon Walled City en Hong Kong. Durante décadas, funcionó como una especie de edificio-ciudad gigantesco. No era literalmente un solo edificio, sino cientos de estructuras que crecieron unas contra otras hasta formar una sola masa. La investigación histórica estima alrededor de 18.000 personas por hectárea, con edificios de hasta 14 pisos y una red extremadamente compleja de corredores.

Shibahama: El mundo vertical del anime

Mientras Chongqing y Kowloon son ejemplos físicos, la serie No te metas con el club de cine (Eizouken) captura esta verticalidad en un entorno ficticio llamado Shibahama. Esta ciudad-isla no es simplemente un escenario donde ocurre la historia; tiene una arquitectura deliberadamente extraña diseñada para que las protagonistas pasen de un lugar a otro atravesando estructuras, desniveles y pasarelas.

Shibahama parece haber crecido «mal» o acumulado capas durante mucho tiempo. En lugar de una retícula limpia de calles y manzanas, ves algo más parecido a edificios antiguos conectados por puentes, canales y carreteras que suben hacia azoteas. El colegio donde viven las chicas es una combinación extraña de escuela, fábrica abandonada e instalación portuaria construida sobre agua.

Fotografía histórica de un entorno urbano extremadamente denso y verticalmente conectado.
La ciudad que se convirtió en una gigantesca estructura masiva.

La verticalidad es fundamental aquí. Hay lugares que no están simplemente a la izquierda o derecha; están arriba, abajo, detrás, debajo de un puente y al otro lado de un canal. Esto permite que una misma localización se sienta completamente diferente dependiendo de desde dónde la mires.

La fertilidad de las dos premisas

¿Por qué este enfoque funciona tan bien? La clave reside en cómo el mundo interactúa con la narrativa. Las protagonistas forman un club para producir animación, pero viven en una ciudad-isla extrañísima que funciona como un escenario de ciencia ficción.

Personaje caminando a través de una infraestructura urbana compleja con múltiples niveles.
El protagonista navegando por el complejo entorno vertical de la ciudad-isla.

Esta estructura de «dos premisas» es lo que hace a Eizouken tan fértil. La primera premisa (el club de animación) proporciona la historia, mientras que la segunda (la ciudad imposible y vertical) proporciona el territorio donde esa historia puede seguir generando cosas. Asakusa necesita explorar esa ciudad porque de ahí obtiene ideas para sus mundos.

Este patrón se repite en otras obras como Girls’ Last Tour, que combina un viaje postapocalíptico con una megaciudad vertical, o Made in Abyss, que une una aventura de exploración con un ecosistema vertical con reglas propias. Al añadir esta segunda capa conceptual a la historia principal, los autores transforman el escenario en un personaje activo, creando un mundo donde puedes estar parado en una calle y descubrir que otro automóvil está circulando por una carretera que pasa por la mitad del edificio.