Por qué recordar tu infancia te hace indiferente a ella

¿Por qué es que recordar perfectamente lo que me pasaba cuando era niño, con sus jerarquías raras y pequeñas crueldades, mientras que la mayoría de las personas olvidan todo ese periodo, hace que a mí ahora mismo solo me provoque un «meh» de indiferencia?

Contraste visual entre la memoria idealizada y el recuerdo detallado.
La memoria clara elimina el mito de la niñez.

Es totalmente lógico. La infancia no es una cosa abstracta y luminosa; es una experiencia vivida. Si tú la recuerdas con bastante nitidez, entonces es natural que no la idealices.

A mucha gente la «niñez» le provoca ternura simplemente porque, en realidad, no la recuerda. Donde hay un vacío de memoria, entra el mito, filtrado por relatos familiares y fotos. Pero donde hay una memoria clara, entra el matiz… y ese matiz rara vez es rosa.

Además, si cuando eras niño ya observabas, comparabas y entendías más de lo que se esperaba de ti, entonces la infancia no fue un «paraíso perdido», sino simplemente otra etapa con sus propias limitaciones. Y las limitaciones, cuando se recuerdan bien, no despiertan añoranza.

Es un encogimiento de hombros. Recordar bien la niñez te quita la tentación de usarla como refugio emocional o mito consolador. No necesitas esa nostalgia reconstruida para estar en paz con tu propia biografía.