¿Qué película tiene esa boda con la lista de horrores matrimoniales?

Había una comedia del estilo farsesco norteamericana, de las románticas tipo Doris Day, donde en una escena de boda no sé si era el sacerdote le decía al novio el clásico «juras amarla por toda la eternidad…» y pasaba a enumerar una larguísima lista de cosas horribles que pasaban en el matrimonio. ¿Alguna pista de qué película era o cómo iba ese discurso?

Sacerdote enumerando horrores en una boda clásica
La escena icónica del discurso matrimonial que buscamos.

La comedia oscura por excelencia

Uno de los candidatos más fuertes es The War of the Roses, de 1989. Aunque no es una película de boda en sí, tiene esa escena y un tono donde se hace una especie de catálogo de cómo el amor se degrada: resentimiento, crueldad doméstica y una escalada absurda. Es más ácido y moderno, pero ese tipo de enumeración cruel de «y luego pasa esto, y luego esto otro» encaja muy bien con lo que describes.

El clásico romántico

Por otro lado, el sospechoso más cercano al tono de comedia romántica clásica es Send Me No Flowers, de 1964. Esa está hecha con Rock Hudson y Doris Day, y juega constantemente a convertir el matrimonio en una lista de miedos, enfermedades imaginadas y escenarios terribles. A mí no me recuerda exactamente una boda con discurso sacerdotal largo, pero sí captura ese humor de que «el matrimonio es una trampa deliciosa y ligeramente catastrófica».

¿Es el tropo en general?

También existe la posibilidad de que lo que tengas en la cabeza sea un collage de varias comedias de esa época. En muchas películas de los 50–60, el clérigo o juez de paz soltaba el clásico «en la salud y en la enfermedad» con pequeñas variaciones irónicas, y alguna versión doblada o editada en TV podía exagerar ese efecto hasta hacerlo casi una letanía oscura.

Si me das un detalle más —por ejemplo si era color o blanco y negro, si los actores eran tipo Rock Hudson / Doris Day o más modernos, o si la escena era solemne o directamente burlona— puedo afinar bastante más. Al fin y al cabo, esa escena que recuerdas tiene ese saborcito muy específico de risa incómoda que se te queda un segundo de más.