¿La adolescencia pasa por encima de los autistas?

Es una pregunta que resuena con frecuencia dentro de las comunidades neurodivergentes: ¿la adolescencia realmente nos pasa por encima? La respuesta no es simple, pero los testimonios y el análisis del desarrollo sugieren que para muchas personas autistas, esta etapa se siente como un salto perdido o desconectado.

Una imagen dividida que compara la presión social superficial de la adolescencia típica con el enfoque en intereses personales y apasionados de una persona autista.
La adolescencia puede parecer un mundo paralelo donde las prioridades sociales chocan con los intereses personales.

¿Por qué ocurre esto? En primer lugar, mientras la mayoría de los jóvenes se ven absorbidos por las jerarquías sociales, el coqueteo y la necesidad urgente de «encajar», muchas personas autistas están mucho más centradas en sus propios intereses, rutinas o estudios. Esto puede hacer que participen menos de esa cultura adolescente específica.

Además, las normas sociales se vuelven muchísimo más complejas durante esta etapa. Si ya cuesta interpretarlas, la adolescencia puede vivirse como una época de confusión extrema en lugar de descubrimiento. Es común desarrollar estrategias de adaptación, conocidas como «masking», tan intensas que los años pasan intentando sobrevivir socialmente.

La frase «la adolescencia me pasó por encima» suele significar varias cosas: no entender qué estaba pasando, sentirse desconectado mientras todos parecían cambiar, o simplemente participar de menos experiencias típicas. Curiosamente, algunos investigadores hablan de un desarrollo social «desincronizado» más que de un retraso.

Por otro lado, hay personas autistas que sí vivieron una adolescencia muy intensa con amistades y romances. No hay un único patrón. Años después, muchos descubren que aquellas aficiones que parecían «raras» terminaron siendo habilidades útiles o parte de su profesión.

Pero surge otra pregunta: ¿podrá uno influir sin querer queriendo en la perspectiva de esos adolescentes para que no les pegue tan fuerte?

Retrato pensativo de un joven que parece estar desconectado del entorno social a su alrededor, enfocándose en sus propios pensamientos.
La sensación de sentirse fuera de sintonía con las expectativas sociales y la cultura adolescente dominante.

Sí, es posible. Los adolescentes se influyen muchísimo entre sí, y la presencia de alguien que ofrece una perspectiva distinta sirve como una referencia poderosa. Si hay alguien en el curso que no parece particularmente interesado en las modas o en el «qué dirán», eso puede transmitir sin proponérselo que no todo gira en torno a la aceptación del grupo.

Dos personas interactuando respetuosamente, compartiendo conocimientos e intereses en un ambiente tranquilo.
Cómo una perspectiva alternativa puede influir positivamente en los compañeros sin necesidad de forzar la conformidad social.

Esta persona puede abrir conversaciones sobre temas profundos, demostrar que está bien tener intereses específicos y convertirse en «el que sabe» de ciertas materias. Aunque es difícil cambiar la naturaleza biológica y social de la adolescencia para todo el grupo, la autenticidad deja una huella duradera.

Al final, ver a otro adolescente vivir de acuerdo con sus propios intereses hace que ciertos compañeros se sientan menos solos si también son diferentes. Es un modelo alternativo de crecimiento que puede quedarse dando vueltas durante años.