Los libros póstumos de Papelucho: un análisis y descubrimientos olvidados

Si alguna vez te has topado con la colección de Papelucho, probablemente hayas leído los doce clásicos que definieron al personaje. Sin embargo, hace unos años salieron a la luz dos nuevos libros: Adiós planeta, por Papelucho y Papelucho, Romelio y el castillo. Aunque fueron editados en 2017, no se escribieron desde cero. Se basan en manuscritos inéditos que Marcela Paz dejó inconclusos, los cuales la editorial tuvo que completar para darles una forma publicable.

Dos libros antiguos sobre una mesa de madera con luz cálida
Los dos libros póstumos de la saga.

La recepción de estos títulos ha sido bastante positiva, aunque con matices. Muchos lectores agradecieron poder leer «nuevo» material después de más de 40 años, reconociendo que conservan la voz del personaje: su ingenuidad y humor. Sin embargo, los lectores más familiarizados suelen notar diferencias. Algunos sienten que el ritmo narrativo no es tan natural como en los clásicos, probablemente porque los manuscritos estaban incompletos y requirieron trabajo editorial.

Si tuviera que resumir la opinión general: Adiós planeta suele ser considerado el más logrado de los dos, manteniendo mejor el espíritu de la serie. Por otro lado, Romelio y el castillo divide más las opiniones; tiene momentos entretenidos, pero evidencia más esa intervención editorial.

Ahora bien, hay algo que llama mucho la atención: ¿cuánto demoraron en publicarlos? Marcela Paz falleció en 1985, pero los libros recién aparecieron en 2017. Unos 32 años después. Según se ha contado, fue Paula Claro, hija de la autora, quien impulsó la publicación y tuvo que convencer al resto de la familia, que inicialmente prefería no editar manuscritos inconclusos.

De hecho, yo veo esa demora como una buena señal. Si el objetivo hubiera sido simplemente explotar comercialmente la marca, esos libros habrían salido en los años 80 o 90. Esperar más de tres décadas sugiere que hubo bastante reticencia y solo cuando existió consenso familiar se decidió convertirlos en libros.

Y aquí viene lo realmente fascinante: varios segmentos de estos manuscritos ya habían sido publicados hace mucho tiempo, en un suplemento escolar de un diario chileno llamado Icarito, que salía los miércoles. La parte de Adiós planeta apareció como Papelucho periodista entre enero y marzo, ocupando la página 3 completa. Mientras que la de Romelio debe haber empezado en junio o julio, hasta diciembre, con el título Papelucho… Como tú.

Página antigua de un periódico con viñetas coloridas y texto
Fragmentos de suplementos escolares de la década de los ochenta.

Este detalle es un verdadero hallazgo, porque nadie parece recordarlo en las bibliografías habituales. Esto nos deja con una reflexión importante sobre la preservación del patrimonio cultural.

Los suplementos de diarios tienen una «vida útil» muy corta. Las bibliotecas nacionales suelen conservar los diarios encuadernados o en microfilm, pero los suplementos infantiles a menudo se separaban, se regalaban o simplemente se perdían. Cuando se digitalizan periódicos antiguos, con frecuencia estos fascículos ni siquiera se incluyen.

Entre los años 70 y 80 Chile publicó una enorme cantidad de material en suplementos: historietas, cuentos por entregas, divulgación científica e incluso cursos de idiomas. Gran parte de eso nunca volvió a editarse y la única copia existente está en cajas olvidadas.

Una mujer escribiendo en una mesa antigua rodeada de libros y papeles
La autora trabajando en sus manuscritos.

Es una pérdida patrimonial importante. Hoy se habla mucho de preservar libros, pero esos suplementos también reflejan cómo se educaba y qué leían miles de niños cada semana.

Aunque estos fragmentos no son ediciones completas, su existencia cambia un poco la historia editorial de las obras. Ojalá algún día alguien emprenda un proyecto sistemático de digitalización de suplementos como Icarito o Revistas del Domingo para evitar que esta parte de nuestra vida cotidiana desaparezca.