¿Siguen cambiando radicalmente los diseños de personajes al pasar del manga al anime?

Es una pregunta interesante. Diría que cada vez es menos común ver adaptaciones con diseños de personajes radicalmente diferentes al original.

Historical comparison of manga vs anime character designs from the 1980s and 1990s
Comparación histórica de diseños de personajes entre el manga y su adaptación al anime en las décadas de los ochenta y noventa.

Aunque no ha desaparecido, el estándar de la industria cambió bastante. En los años 70, 80 e incluso buena parte de los 90, era normal que un estudio «reinterpretara» el manga.

Existen casos históricos claros como Ashita no Joe, donde el anime estiliza mucho los personajes respecto al dibujo áspero del manga original. Lo mismo ocurre con Patlabor, cuyo diseño de Akemi Takada para la serie terminó siendo mucho más icónico que el del cómic, o con Sailor Moon, cuyos diseños animados son bastante distintos a los originales de Naoko Takeuchi.

Desde los años 2000, sin embargo, la filosofía cambió. Hoy se busca que el anime sea reconocible como «el manga en movimiento». Esto se debe a varios factores: el manga ya suele tener un estilo muy pulido, existe una enorme presión del fandom por la fidelidad, y las herramientas digitales permiten conservar detalles que antes eran inviables.

Por eso ves series actuales como Frieren, Oshi no Ko o Sousou no Frieren que parecen casi calcadas del original. Curiosamente, cuando hoy en día sí hay diferencias, suelen aparecer en otros aspectos visuales: la iluminación, el color, el grosor de las líneas, la expresividad o la composición de escenas.

Aun así, siguen existiendo excepciones importantes como Ping Pong, que conserva el estilo único del autor Taiyō Matsumoto pero lo adapta de forma muy personal; Aku no Hana, que usó rotoscopia y cambió completamente la apariencia; o The Way of the Househusband, que optó por una animación extremadamente limitada.

Creo que también influye un fenómeno curioso: antes era frecuente que un diseñador famoso dejara una huella tan fuerte que eclipsaba al autor del manga. Hoy, aunque siguen existiendo grandes diseñadores, su trabajo consiste precisamente en no alejarse demasiado del material original. El mérito está en traducir el dibujo al movimiento sin que el público sienta que «cambiaron» a los personajes.