La economía de las pérdidas: Por qué Uber y la TV chilena sobreviven al quebrar

Existen empresas que parecen operar bajo una lógica financiera contradictoria: pierden dinero constantemente, pero siguen en pie. Casos como Uber o Zillow son el ejemplo clásico de este fenómeno. La dinámica detrás de estas compañías no es un error contable, sino una estrategia deliberada conocida como growth first, profits later. El objetivo es capturar mercado rápidamente, subsidiando servicios para construir una posición dominante antes de enfocarse en la rentabilidad pura.

Este modelo solo funciona gracias a factores específicos: acceso masivo al capital de riesgo, mercados financieros profundos y una narrativa creíble sobre el futuro. Empresas como Amazon pasaron años con pérdidas mientras reinvertían todo, logrando finalmente demostrar un modelo estructuralmente viable. Sin embargo, no todas las empresas logran sobrevivir; muchas mueren en el intento porque la promesa de retorno nunca se materializa.

El desafío del mercado chileno

Ahora bien, ¿por qué es tan difícil replicar este fenómeno en países como Chile? Aquí es donde la ecuación cambia drásticamente. En Estados Unidos, quebrar una startup puede ser visto casi como un badge de experiencia, pero en Chile el fracaso todavía pesa demasiado.

Contraste visual entre el éxito económico de las startups globales y la contracción del mercado local en Chile.
La disparidad económica entre el modelo de crecimiento en EE.UU. y la realidad del mercado chileno.

Existen cinco barreras clave que frenan este tipo de modelos aquí:

  • Escasez de capital de riesgo profundo. El ecosistema es más chico y conservador; nadie quiere financiar pérdidas grandes sin señales claras de retorno.
  • Mercado pequeño. Con solo ~20 millones de personas, el techo es bajo. Escalar requiere internacionalizarse, lo que sube el riesgo exponencialmente.
  • Costo del fracaso más alto. Esto hace que tanto emprendedores como inversionistas sean mucho más cautos.
  • Menor tolerancia a «quemar plata». Una empresa con pérdidas durante años puede ser vista como inviable o sospechosa, mientras que en EE.UU. es casi normal en ciertas etapas.
  • Mercados financieros menos líquidos. Salir a bolsa o conseguir rondas grandes es mucho más difícil sin la «salida» de una bolsa pública.

No están sobreviviendo *a pesar* de perder dinero, sino porque alguien está dispuesto a financiar esas pérdidas hoy a cambio de una promesa futura. Cuando esa confianza falla, el dinero se corta y la magia desaparece.

La industria televisiva en declive

Si bien este fenómeno es común en startups tecnológicas, también se observa claramente en industrias consolidadas como los medios de comunicación. Canales como Televisión Nacional de Chile, Canal 13, Mega o Chilevisión han tenido periodos con pérdidas significativas.

Aunque podrías pensar que hay intereses creados ocultos moviendo los hilos, la realidad es más compleja y estructural:

El negocio mismo se vino abajo. La torta publicitaria migró fuerte hacia plataformas digitales como Google o Meta. Los ingresos clásicos de TV abierta cayeron, pero los costos de producción siguen siendo altos.

A esto se suma la inercia organizacional: son estructuras grandes y difíciles de achicar rápido, a diferencia de una startup que corta gastos en dos meses. Sin embargo, existe un componente «gris» estratégico:

  • Intereses estratégicos o reputacionales. Para algunos dueños, un canal no es solo un negocio, sino influencia y prestigio. Tener un medio te da visibilidad y capacidad de instalar temas.
  • Sinergias con otros negocios. Un canal puede apoyar otras líneas del grupo, como contenido o publicidad cruzada.
  • Caso especial: TVN. Al ser una broadcaster estatal, tiene un mandato público donde no todo se mide en rentabilidad financiera pura.

Más que «sobreviven porque alguien quiere perder plata», es que el negocio está en declive pero no muerto. Está más cerca de una industria en lenta contracción que de un modelo de crecimiento infinito.

El dilema de los diarios impresos

La misma lógica se aplica a la prensa escrita. Diarios como La Tercera y El Mercurio han visto caer fuerte el negocio del papel: menos circulación, menos avisaje tradicional y costos de impresión que pesan cada vez más.

Representación visual del declive de los medios tradicionales frente al auge de la tecnología móvil.
La migración de la audiencia y el capital publicitario desde la televisión tradicional hacia las plataformas digitales.

¿Y qué pasa con lo digital? Lo clave es que lo digital no necesariamente «salva» el negocio por sí solo. La publicidad digital es menos rentable, los modelos de suscripción tienen un techo en el público dispuesto a pagar, y el digital requiere una lógica diferente basada en volumen y datos.

En la práctica, más que «el papel pierde y el digital gana», lo que ocurre es un equilibrio frágil donde el conjunto se sostiene con ajustes de costos y apoyo del grupo empresarial. Dejar de estar sería perder algo más que plata.

¿Por qué no hay nuevos entrantes?

Este mismo análisis explica por qué no hay nuevos canales o diarios impresos naciendo hoy en día. No es solo que «no da la plata», sino que la relación riesgo/retorno es pésima comparada con casi cualquier otra cosa.

Comparación entre la alta complejidad de los medios impresos y la accesibilidad de los nuevos formatos digitales.
La transición del modelo de impresión física a los medios digitales nicho y sus diferencias en costos de entrada.

Entrar a competir hoy en día implica costos fijos altos y un mercado en contracción estructural. Es como abrir un videoclub en la era del streaming.

Sí hay nuevos medios, pero nacen donde el costo de entrada es bajo: medios digitales nicho o proyectos pequeños. Nadie está dispuesto a poner grandes cantidades de dinero en un modelo con crecimiento limitado y retorno incierto. No es que «no haya espacio», es que el espacio que queda ya no paga lo suficiente como para justificar el riesgo.

Si lo miras fríamente, es una relación humana y trágica donde nadie quiere terminar del todo, pero tampoco puede continuar como antes.