¿Cuándo se descubrió que Marte y Venus son planetas como la Tierra?

¿En qué momento de la historia se determinó que Marte y Venus no eran estrellas, sino objetos del mismo tipo que la Tierra? Esta pregunta revela un proceso fascinante que tomó siglos para desarrollarse. La respuesta no es una sola fecha, sino el resultado de varias etapas clave en la astronomía.

Cielo nocturno con estrellas y planetas visibles
Los planetas se mueven sobre el fondo estrellado, a diferencia de las estrellas fijas.

Para empezar, en la antigua astronomía griega ya se sabía que Marte, Venus y los otros cuerpos celestes no se comportaban como las estrellas. Mientras que las estrellas mantienen posiciones fijas entre sí, estos objetos se movían sobre el fondo estrellado. Por esta razón, los griegos los llamaron *πλανήται* (*planētai*), una palabra que significa “errantes”, de la cual deriva nuestro término planeta.

Es importante notar un detalle histórico: aunque Marte y Venus ya eran llamados planetas en ese momento, la Tierra no lo era. El modelo dominante de la época, el de Claudio Ptolomeo del siglo II, establecía que la Tierra estaba inmóvil en el centro del universo, rodeada por los demás astros.

El gran cambio llega con Nicolás Copérnico en el siglo XVI. En 1543 publica *De revolutionibus*, donde propone que la Tierra también es un planeta que orbita alrededor del Sol. Es en este momento cuando Marte y Venus pasan a ser oficialmente mundos comparables a la Tierra, no simples luces celestes.

Luego, a comienzos del siglo XVII, las observaciones con telescopio de Galileo Galilei terminaron de convencer a muchos astrónomos. Por ejemplo, las fases de Venus (como las de la Luna) solo se explican si Venus orbita el Sol, algo incompatible con el sistema de Ptolomeo.

Hay un detalle curioso que siempre me gusta: durante siglos mucha gente pensó que el “lucero del alba” y el “lucero de la tarde” eran dos astros distintos hasta que se comprendió que era el mismo objeto visto en distintas posiciones. Si quieres, también puedes explorar cuándo se empezó a sospechar que Marte o Venus podían ser mundos con superficie, clima o incluso vida.