¿Puede la Tierra destruir una ciudad como en la película ‘2012’?

Hollywood siempre ha sido un laboratorio para probar teorías sobre el fin del mundo, pero hay una línea que la industria cinematográfica suele cruzar sin pensarlo demasiado. Un buen ejemplo es la película *2012*. En ella, Los Ángeles no solo tiembla; la ciudad entera se desintegra en segundos, con bloques de terreno desplazándose y edificios colapsando simultáneamente. ¿Podría pasar algo así? La respuesta corta es que el desastre de Los Ángeles en *2012* es muchísimo más extremo de lo que podría ocurrir de forma físicamente plausible.

Ilustración del desastre de Los Ángeles en la película 2012
La destrucción cinematográfica de Los Ángeles en 2012.

Para entender por qué, hay que mirar los ingredientes individuales. Un terremoto de magnitud 8–9 ya sería una catástrofe monstruosa: destrucción masiva de edificios vulnerables, incendios, interrupción de agua y gas, carreteras inutilizadas y daños enormes a la infraestructura. Sin embargo, la película combina estos eventos de una manera que viola las leyes de la física.

Un terremoto puede ser brutal, pero la energía no se traduce en que una ciudad entera se comporte como una bandeja que alguien sacude. La falla de San Andrés puede producir desplazamientos horizontales de varios metros durante un evento muy grande, pero no kilómetros de desplazamiento instantáneo. Además, el suelo puede deformarse y licuarse, especialmente en ciertas condiciones geológicas, pero eso ocurre de manera localizada, no como si toda la cuenca se abriera en dos.

La Tierra tiene formas bastante aterradoras de destruir una ciudad, simplemente no necesita hacer las acrobacias que hace *2012*. Ahora bien, ¿hay algún lugar en el planeta donde esto sea más realista? Si preguntamos si en algún sitio podría ocurrir literalmente algo como lo de Los Ángeles en la película, la respuesta es prácticamente no. Pero si relajamos el concepto de «literalmente», hay lugares donde una parte bastante grande de esa escena sí podría suceder.

Zonas como Japón, Chile, Alaska, Indonesia o la costa oeste de Norteamérica han sufrido terremotos de magnitud 8–9 que produjeron devastación enorme. Esos escenarios pueden sumar licuefacción del suelo, deslizamientos gigantescos, ruptura superficial de fallas y tsunamis si el evento ocurre bajo el mar.

Fotomontaje del terremoto de Valdivia y Lituya Bay
Ejemplos reales de la fuerza destructiva de la naturaleza: el terremoto de Valdivia y Lituya Bay.

Hay escenarios todavía más interesantes. Un gran deslizamiento de tierra puede producir algo que visualmente se parezca a Hollywood. Si una enorme masa de roca cae al agua, puede generar un megatsunami local. Esto ocurrió en Lituya Bay, Alaska, en 1958, donde un deslizamiento produjo una ola que alcanzó aproximadamente 524 metros de altura sobre la ladera opuesta. Por otro lado, Chile tiene el terremoto de Valdivia de 1960, magnitud 9,5, el mayor registrado instrumentalmente, que produjo desplazamientos del terreno y tsunamis transoceánicos.

En conclusión, una ciudad no desaparecerá en cuestión de minutos porque el suelo se parte y se hunde como en la película. Pero sí, la naturaleza puede producir una secuencia de acontecimientos que parezca el fin del mundo sin necesidad de violar las leyes de la física.